Albores de una primavera imperfecta

Hace daño el silencio. Está agazapado bajo un cielo azul desdibujado y algo brumoso que preconiza una noche triste, invernal y fría. El viento hoy escondido, deja estática y sin interés a una desganada mañana de domingo. Las cotorras chillan inquietas balanceándose sobre el ciprés erguido al otro lado de la calle. Mientras, un par de tórtolas se hacen compañía y unas gaviotas despistadas graznan huyendo quizás de algún temporal que las acosa.

Diminutas hojas verdes aparecen ante mis ojos en una señal inequívoca de que la primavera anda ya a medio camino de deleitar nuestros ojos.

Mañana…en días que vendrán más pronto que tarde, será primavera. Pero yo no quiero esperar al cielo porque este posiblemente no venga a mí, me apropio de cada hora, de cada instante para vivir. Pero… ¿Qué significa vivir?

Ese pasar los días a veces deja de ser lo que es para no ser nada o poco. Ahora menos que nunca porque todo parece haberse detenido como ese frío tibio que cada día, mezclado con la brisa, me llega desde el mar, ese que sigue estando ahí, otrora iluminado y ahora triste. No le veo, no oigo sus olas, tampoco le fotografío, solo lo tengo en mi retina para saber que pensándolo y pensándote, la felicidad existe.

Pero quiero y deseo pensar que frente a esos colores desmayados de lo que nos rodea surgirá una nueva primavera. Señales difusas que me mantienen en esa dimensión de no saber ni adonde, ni cuando, ni para qué, pero sí con quien desearía volver extraordinaria la cotidianeidad de esos días infinitos en donde la primavera vuelva a explosionar… como en tiempos no demasiado lejanos.

Acerca de elcorazondelmar

Como siempre enamorada de imposibles.
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