Paisajes invisibles… o no

Sé que no me lo puedes explicar… yo tampoco. He intentado escribirlo y las palabras se me revuelven como olas enfurecidas contra las que jamás podré luchar. Y tú ahí esperando que aparte esas metáforas salvadoras sobre las que me parapeto para disimular mi timidez y quizá también la tuya.  Me conoces. Lo sabes.

¿Y por qué no me ayudas a ello? Me lo has pedido, lo sé. Dirás que no, también lo sé.

Hoy me dejo ir, hace días que lo intento, pero la inspiración ha de estar como el clima, en un continuo sopor incapaz de discernir. Lo está, pero con ese fuego que me lleva sin querer hacia ti. Me lo has dicho tú. Y yo sigo sin poder, o sin querer encender ese deseo que me quema por dentro y también por fuera. También lo sabes. Me dejas ir y no sé por qué. O sí.

Es fácil elaborar una teoría del por qué las cosas surgen así, pero me veo incapaz de hacerlo. Ayúdame a no derrochar más tiempo. Me lo has escrito varias veces, deseo intuir que me lo dices cada día… ¿son solo palabras? Me quedo ahí.

Deseo besarte lento, como explicándote un poema o intentando componer o descomponer a propósito versos enamorados, pero en tiempos de desafectos obligados se me hace duro, difícil, complicado. O quizá no.

Lo intentaré. Quizá lo piense, o no.Deseo besarte lento como si te recibiera en una estación de estrellas en donde todas han debido de alinearse para recibirte y llenarte tu boca de sueños.

Debe ser algo loco que yo esté escribiendo esto. Lo es. No le busco otro significado a las palabras, solo la que es. Dime que tú tampoco te lo explicas … y te creeré.

Ayer, muy ayer, pudo ser un hoy distinto, pero el hoy ignora hasta el hoy mismo, pero poco importa al amor eso.

 

 

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Una noche al sol

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Mientras la luna se escabullía por los tejados el mar entraba por mi ventana. El alma, como todas las madrugadas en que te espero, estaba en marea baja cuando las olas de tu corazón inundaron una mañana más mi orilla. Allí, sumergidos en espuma rizada mecida por el viento despertamos los dos.

__ ¿Vives? Me preguntaste.

__ Estoy. Dije.

Inequívoca señal de una noche soporífera rayando los límites de lo soportable.

Estamos y no sé cómo en ese sueño que tampoco lo es, tal vez el calor arrase también con la imaginación porque dicen que en el cielo todo es falso, aunque yo no me lo creo. Yo tengo uno contigo. Viajo todas las noches allí y tú me esperas, forma parte de mi existencia en estos momentos. Están mis palabras y las tuyas. Hay complicidad cuando dos corazones laten al unísono.

Es esa realidad que nos envuelve a cada golpe de mar… y son demasiados. Me dices que el fuego produce ruido y que las estrellas emiten sonidos y yo te creo. Solo nuestro amor va en silencio y yo no puedo asegurarte hasta cuándo. No puedo.

Llegará un día, siempre puede existir esa remota posibilidad, en que te subas a mi estrella para navegar por el espacio infinito en donde el tiempo se hace agua, sí allí donde el corazón se moja de remotas músicas, de tímidas palabras y de ansiados gestos. ¿Y sabes por qué? …porque yo también te busqué siempre aun cuando no existían metas ni quimeras” ¿Recuerdas?

No te has subido aún a mi constelación, te seguiré esperando para contemplar juntos el universo. No sé por cuánto tiempo más, al fin y al cabo, es amor después de todo.

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Neruda y nuestro crepúsculo

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Hemos perdido aun este crepúsculo

Contigo no creo perder ninguno porque cada uno es vaticinio de un amanecer diferente, único y mágico porque no es solo saber que el sol sale, es conocer que existe.

Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas mientras la noche azul caía sobre el mundo.

Somos dos y somos uno agarrándonos a la vida que nos ha tocado en esas noches negras, azules y opacas que nos han caído cuando dos manos se unen en la distancia, esa que se acorta o se alarga cuando nos pensamos.

He visto desde mi ventana la fiesta del poniente en los cerros lejanos.

La distancia de una puesta de sol que se nos va cada día y que no será nuestra culpa cuando la perdamos, dime que no, seguro que no.

A veces como una moneda se encendía un pedazo de sol entre mis manos.

Te tengo ahí como el mejor pago de un amor no buscado. Y arde nuestro sentimiento como el fuego, como ese sol que se va y viene cada día.

Yo te recordaba con el alma apretada de esa tristeza que tú me conoces.

Yo lo estaba y la tuya fue mía desde el momento en que llegaste. Se fundió en una simbiosis sin explicación.

Entonces, ¿dónde estabas?  ¿Entre qué gentes? ¿Diciendo qué palabras? ¿Por qué se me vendrá todo el mundo de golpe cuando me siento triste, y te siento lejana (o)?

¿Dónde estabas repetido por mí hasta la saciedad? ¿Escribiendo qué? ¿Estando dónde? Todo en un instante inesperado, certero.

Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo, y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.

Sabes que se nos puede caer todo y que tus palabras junto con tus actitudes serán a modo fiel las que me quedarán para siempre.

Siempre, siempre te alejas en las tardes hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.

No borras nada, solo te alejas un instante para retornar al siguiente, que es una forma de permanecer. Podrá el atardecer apaciguar la luz, penumbrar el día, pero jamás, jamás, borrar tu amor y el mío. No perderemos ningún crepúsculo porque nos quedan todos los días del resto de nuestra vida para poder disfrutarlos… si nos dejan.

Te quiero

 

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Menos que nada

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De un día para otro los besos se nos fueron muy lejos y los abrazos se volvieron inaccesibles, pero saldremos vivos para volver a contemplar el paisaje, borraremos las marcas que dejamos  sobre el cristal cuando echábamos de menos la caricia cercana y seguiremos durmiéndonos sobre un lecho de poesía con esos versos que a mí me sirven para existir.

Creíamos nos daría tiempo a un poco todo y ahora tenemos menos que nada. Valoro ahora lo que nos hemos dicho con palabras, gestos o miradas. Cobran sentido los puntos, las comas, los puntos suspensivos y hasta lo que no escribes. Y los espacios, esos latidos sordos que son mis suspiros apenas perceptibles con los que hacemos magia, pero eso creo que ya lo sabes.

Ahora, solo contengo como puedo mis manos que desearían desmayarse ardientemente sobre tu cuerpo en ese placer de un abrazo interminable.

¿Para ocultar deseos hemos de prohibir sensaciones? ¿Cómo conciliar alma y pasión? Dímelo tú…

Sigue refugiándote en tus sueños porque en todos ellos creo estar. Allí sé que seguiré siendo real porque auténtico es nuestro amor, aunque sean días infinitos y noches de instantes soñados.

 

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Monólogos para un después

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Caen gruesas gotas de una lluvia primaveral que se embarran en el sopor de una tormentosa siesta intempestiva.

La vida sigue paralizada y yo con ella cuando te he visto volver. No soy tan fuerte, créeme. Me haces temblar y enmudecer hasta no ser yo.

Nunca pensé que una realidad fuese tan feliz y descarnada a la vez.

Porque si se trata de ti, o de escribirte que es lo mismo, una vez más y en un domingo fútil, insignificante y gris lo hago con el corazón desnudo, ese que habla contigo en monólogos enamorados y sin sentido.

Quise reinventarme cuando me quedé sin planes, pero lo único que has conseguido ha sido enredarme en todo tú, sin remedio y sin solución cuando yo no pedí nada porque creo habértelo dicho alguna vez, necesito mucho, pero no pido nada. Sigo, ilusa de mí, sin despegarme de la realidad.

No me falta nada porque nada hay que esté.

Mi alma se da cuenta de que existe cuando mi tristeza es sosiego en un roce con tu existencia. Un imperceptible roce. No necesito más.

Qué cansancio ser dos y no uno.

Una ligera brisa detrás de las últimas nubes y las impávidas estrellas volverán como cada día al final de la tarde, aunque no tengan sentido alguno. Quizá pidan ser un buen lugar de encuentro en un futuro imperfecto.

Y te acostaré conmigo una noche más como el mejor de los regalos, adormeciéndote en la niebla de mis sueños. Mientras, solo beso tus silencios y le hago el amor a tu sonrisa.

Queda bien el amor así… servir de mucho no siendo nada.

 

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La vuelta

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Debías volver. Tenías que volver hoy. Deberías haber vuelto ya, mucho antes. Pero hay una pausa ya demasiado larga entre lo que sueño y lo que la vida ha hecho con nosotros.

Hoy debería haberte mirado y serían mis ojos quienes te hubieran abrazado con un parpadeo hambriento de deseo. Y en un entornar suave y lánguido te hubieran dicho lo que mi boca no puede gritarte.

Hoy debería haberte besado, pero habría de haberme aguantado. Los labios saben bien de bienvenidas, casi nunca y siempre tristes de adioses.

Hoy debería haber llorado por un largo no estar y un mucho anhelar, pero también lo he soportado. Porque me haces falta y llenas mis vacíos con algo más que palabras.

El cielo ha seguido estando ahí, pero menos azul con tu ausencia. Pasó la lluvia y nos sorprendió la primavera, esa que seguimos viviendo peligrosamente.  Y nos iluminó la luna, en noches de silencio y estrellas. Y tu corazón y el mío se unieron más que nunca  para seguir sosteniendo el universo.

Hoy deberías haber vuelto, pero el oasis solo fue avistado a medias. Mientras, nos detendremos ante el próximo sol para no sentirnos helados, fríos y desolados. Haremos arder nuestro propio fuego para entregarnos solo a lo que queda de lo que pasa.

Hoy deberías haber venido… aunque solo hubiese sido a medias.

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Un libro al atardecer

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En estos días la luz tarda en ser barrida del horizonte, es como si este tiempo incierto insistiera en quedarse, en hacerse infinitamente largo, inesperado y taciturno.

Los besos y los abrazos se han ido más allá de lo que desde mi terraza puedo divisar. Quizá no vuelvan, o si lo hacen sea que yo no esté o que ellos hayan supeditado su existir a aquello próximo que es lo recomendado, pero ya sabes mi querido imposible que lo posible es lo que siempre pasa.

Amar es pensar en otra persona y no es difícil hacerlo cuando alguien a quien no ves está contigo en una perenne presencia que vulnera todos tus movimientos, aunque no te muevas.

Para enmascarar tu ausencia, hoy, como muchos otros días, te escribo añadiendo una página sobre ese libro de poemas que me dejas desde hace tiempo. No habrá otro para mí, sé que estoy en muchos de tus versos y también en aquellas palabras que no escribes. ¿Imagino demasiado? No, no me digas el final.

Pero hay un crepúsculo ahí fuera y a buscarlo voy. Allí he reservado un trozo de cielo en donde leerlo juntos, será el mejor prólogo antes de saber si pasarás a buscarme… cuando todo esto pase.

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Todos, nosotros, tú y yo

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 Esta vez no has tenido que cruzar océanos ni sumergirte en mares desconocidos.

Tampoco te has ido solo porque vuelo a tu lado en un avión de papel con asientos de palabras tristes y esperanzadas al mismo tiempo, con un motor sin caballos que el viento de los acontecimientos mueve a su merced.

Ahora sí que la tierra me parece plana sin importar los hemisferios ni ecuador que los divida.

El instante mismo es lo único complejo, nada más.

Es un tiempo incierto para constatar la duración del viaje.

Seguiré susurrándote más “te quiero” todavía, con suspiros invisibles y confinados que dejo caer cada noche a tu lado… ¿no los oyes? Necesito saber que sí.

Quizá mis sueños vayan a la deriva, es muy probable, pero seguiré alentándolos mientras me quede aliento para ello, porque hay un verbo que se llama siempre que yo sigo conjugando en todos sus tiempos.

Pero esta vez…somos más todos, nosotros que tú y yo.

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Hoy no han volado gaviotas

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Un manto de silencio y soledad han cubierto mi playa. La lluvia, testigo inoportuno y bienvenido a la vez le ha dado ese color gris de las cosas melancólicas, decaídas y algo tristes.

Desde mi atalaya contemplo el mar a lo lejos sabiendo que el cielo está un poco más allá, aunque yo disfruto imaginarlo cerca, hoy más que nunca.

Mi sentir está por encima de una respuesta física a un paisaje, a un beso, a un abrazo e incluso a esos sueños que me sostienen. No sé qué hacer, no sé qué decir y tampoco sé qué escribir.

Pero leo, sigo leyéndote. Y para memorizar todos tus poemas, aunque me consta que algunos no los has escrito tú, pero los hago míos, los he imprimido en folio a doble cara, hoy que tengo tiempo, quizás algo más del que imagino, en esa fuente color azul intenso que me recuerda al mar y que tanto me gusta.

Los colocaré debajo de mi almohada para que tus versos y tu bella prosa me hagan compañía durante el día y velen ya de por sí mis largas noches insomnes. Ya lo hacen desde hace tiempo.

Me arrebujo entre tus palabras y allí te susurro en voz baja todo lo que para mí significas; ahora que nadie nos ve, ni tan siquiera nosotros; ahora que nadie nos oye, pero percibo tus susurros junto a mi oído; ahora que estamos sin estar, ahora que somos sin ser, ahora que nos separa lo mismo de siempre y nos une aún más el sentimiento, ahora que no importa la distancia para dos almas que se entienden porque un corazón solo necesita un cielo… el tuyo que es el mío. Lo harán, pero hoy, quizás fuera solo hoy, no han volado gaviotas.

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Dime…

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Dime si estás por esos rincones en donde yo te imagino… (a veces me parecen demasiados)

Dime que no vienes cada noche a susurrarme versos cuando cruje sin viento mi ventana entreabierta… (oigo silbidos demasiado cerca, tal vez tenga alucinaciones)

Dime que mi ausencia te hace esbozar una sonrisa, un aliento, una emoción, un suspiro… (el amor tiene efectos secundarios)

Dime que estás en ese rocío de mi amanecer llamándome, excitándote, llorando tal vez… (dos palabras me son suficientes, lo sabes)

Dime que no imagine lo que pienso y que es un error todo, que no vale la pena nada y que es una utopía ir en búsqueda de universos imposibles… (no hay nada que lo sea)

Dime que cuando me miras no paladeas mis te quiero entre dentelladas de deseo… (hay personas que no las escuchas, las sientes)

Dime que dejemos de ser enamorados locos en un mar inmenso de palabras sin sentido…con todo medio hacer, con todo a medio soñar, con todo a medio vivir y con toda la imaginación por hacer realidad.

Dime que deje de hacer lo que hago y detendré esa música que me quita el sueño en esa ilusión inconcebible de lo que no veo y debiera ver…

Sé que me dices esto y más… escribes, y yo te leo.

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