Y tanto amor que queda

No me hables cuando ya me haya ido

Mi alma se habrá llevado tu poesía envuelta en un manto de silencios imperfectos

Arrojé por el abismo las esperas, las ganas y los deseos

Creo haber sido el sueño inconcluso de una poesía anhelante, inspiración poética de un deambular desarbolado

¿Por qué dejamos atrás la felicidad que nos consumía sabiendo que nada que pasa regresa?

El ayer existió, lo supe. El hoy fue, también lo conocí. El mañana pudo serlo, pero se vino conmigo

Colgados en el reloj de la vida se nos quedaron esos diez minutos que necesitó el alma para hacerse inmortal

Morir solo es marcharse a la franja celeste del paisaje, accediendo por la tortuosa escalera de la vida

No me hables cuando ya no sienta tu ausencia en la brisa

 cuando ya la noche se desborde en gotas de universo

cuando ya no pueda explorar tu cuerpo

 ni abrigar tus besos

 ni sorberme tus lágrimas

cuando ya sea solo ese polvo de estrellas, quizá entonces…

 me hablarás allí…

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Los sonidos de la noche

Aún quedan unos días para que vuelvas, pero te encuentro de nuevo al llegar la noche. La oscuridad espera el sol al mismo tiempo que yo. En la calle no hay lluvia, pero queda un polvo fino a ras de suelo, ese barro que no ensucia, en el que sobreviven esas hojas dispersas que el viento ha desperdigado un poco más allá.

Hay de vez en cuando ruidos desvencijados, sordos, que distraen el sueño. Mi alma igual está entre sábanas, que entre tu cuerpo y el mío y me abrazo a ella. Solo es esa pasión que me arrancas a diario y que contagia todo mi ser. Ese universo que no soy capaz de describirte.

Y tú, en ese presente inconstante que solo suaviza los días. Mientras, yo sigo enamorada de ti pregonándotelo hasta la extenuación. No sé si para algo o tal vez para nada.

Tú eres ese sueño que nunca acaba. Ese vivir con la miel en los labios y el corazón en un continuo peregrinar por las sensaciones.

Es en ese trasiego de sueños donde probablemente podamos reconstruir una historia verdadera, auténtica, la tuya y la mía.   

Y cuando los sueños se han disipado al llegar la madrugada, cuando sobre la almohada solo ha quedado la huella de tu cabeza hecha poesía, he estado a punto de decirte una vez más que te quiero, pero ese sueño quizá es el Nirvana imaginario con el que los sonidos de la noche se distraen.

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Algún día en cualquier playa

Algún día me solazaré junto a ti en la arena de cualquier playa. Y veremos llegar el mar. Y marcharse. Y el agua sobrante convertida en ola bañará nuestros cuerpos dejándolos inermes, desarmados, indefensos, en medio de la arena húmeda que solo ansía sepultarnos a ambos. Cuando ya nada dé miedo y poco importa lo que pase. Cuando solo los temporales sean solo recuerdo.

Y la luna, la que tanto admiras, nos mirará embelesada, si es que conseguimos llegar a la noche.

Y nos preguntaremos del por qué estar vivos y haber llegado hasta ahí, a ese lugar que ambos soñábamos, cuando tu alma y la mía ni tan siquiera pensaron encontrarse, cuando estaban allí al final de ese futuro siempre imaginado e impredecible.

Llevaré en mi bolsillo un poema tuyo. De esos breves, de los intensos, de aquellos que un día fuiste derramando por el amor perdido, por la melancolía que mas tarde aireaste al mundo para yo hacerla mía y compartirla contigo.

Tu nostalgia la convertiste en bellas palabras y estas en inspiración. Todo lo que amamos nos llega al alma, para sobrevivir en ese corto camino de la vida.

Algún día tus versos tendrán voz y mis palabras significado, eco y consuelo. ¿Qué te he dicho ya todo esto? Es posible, pero el amor ha de ser así, repetitivo, pero siempre diferente.

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Siete olas, una a una

Aún queda sol. Aún hay cuerpos enardecidos que se resisten a enfriarse Queda consuelo para los que, con ánimo melancólico, hemos sorteado llamaradas sin consumirnos.

El mar sigue ahí, absorto, impávido, asemejándose a un lago azul donde la luna se refleja estos días haciéndolo temblar.

Sigues viniendo y te sigues marchando. Me rodea la tristeza envuelta en ese aire pre otoñal que me reporta tristeza y pesadumbre. Pero yo sigo soñando con quimeras, con gigantes y contigo. Con dioses despistados y milagros imposibles. Ya ves, me mimetizo con tu poesía y con tu inspiración más soñadora porque eso es lo que te define.

Doy sentido a mis latidos, que son los que me sostienen y los que siempre se quedan a un palmo del paraíso. Quizás sea el juego que amamos o el que nos dejan.

Sentirse esperado es vivir. Ocupar horas, lugares, recuerdos y saberse único, única en este caso, para alguien al que igualmente considero único, extraordinario y excepcional.

A estas alturas ya no sé donde va cada palabra, a qué órgano, a qué músculo, a qué víscera. Solo deseo buscarle morada a cada una de ellas. Una a una de las que escribes, una a una de las que omites, una a una de las que ya vinieron y quiero pensar que permanecen. Una a una.

Dejemos a nuestra alma vivir como corresponde, como siente, como tal vez haya de ser, porque en el camino de la vida nada vuelve atrás para corregirse.

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Un instante abrasador

Quisiera detener la vida en un instante, un instante de amor contigo.

Con tu rostro pegado al mío, con mi cuerpo aferrado al tuyo.

Paladear besos apasionados que dejen en mí un sabor a miel.

El amor me despierta del hastío hasta emborracharme de ti. La quietud del cielo y el agua mojan el corazón hasta ahogarlo, mi sudor no desaparece y el calor me ahoga.

Hay algo poderoso que extermina las situaciones de querencia extrema, tú lo sabes, yo lo sé y puede que estemos extrañamente confundidos, pero sentir así bien vale cualquier equivocación.

El amor es como seguir a las nubes empujadas por el viento, hay que contonearlo, pero no aferrarse a él como un asidero seguro porque no te dejará que lo toques, es en esa libertad lo que lo hace grande.

Su magnitud, la que aquí y ahora yo derrocho por ti, será, mucho me temo, lo imposible que desemboque en la eternidad.

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El cielo siempre queda lejos

Predecible será que caiga la tarde sobre la tierra ardiente y un manto de azul cobalto en progresión a negro nos vuelva a cobijar en los añicos de la utopía.

Predecible no será que me envuelvas en tu cuerpo al amparo de tu poesía para decorar con tu sombra el corazón que me quema.

Predecible será que no sea nada cuando deseamos abandonarnos al destino de ese aliento apasionado que nos deja a centímetros del éxtasis.

Impredecible que podamos volar cuando te despojan de las alas. Las tuyas calcinadas por el fuego de la sinrazón, el egoísmo y el desamor y las mías ansiosas de darte lo mejor de mí, deseando volar por encima del tiempo, el lugar o las circunstancias.

Dime amor…¿Cómo se puede predecir algo si nadie fue capaz de anticipar que dos corazones, con razón o sin ella, fueran capaces de apostar por un amor que queda más allá del cielo?                                

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Noche de fuego

Trato de dormir en los ecos de tu respiración, pero el aire nocturno es espeso, cargado, horrorosamente caluroso y ni aún tus lejanas y ausentes caricias me dan ese escalofrío que yo quisiera sentir.

Tú eres todas esas esperanzas que acortan distancias. Nos pierde la oscuridad de esa noche eterna donde mutan sensaciones invisibles que ni siquiera caben en ese rincón donde la luz se pierde.

Sigo besando esos recordados instantes en los que me miras cuando tu silencio tropieza con mis ojos y se queda absorto en ese volcán de sentimientos que solo puedo trasladar a ese paraíso virtual de un papel en blanco.

El alma está abatida más allá de la canícula, pero aún así, la pasión que me consume está presente en cada una de las llamaradas que mi corazón desprende cada día…por ti.

Me propuse que jamás sentirías latidos fríos y no es difícil hacer lo complicado fácil cuando existe el amor, ese amor que no se parece a ninguno, y que no consentirá jamás un respiro de aire seco que no pueda ser sofocado.

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Dos mil días y un poeta

Yo no esperaba al poeta, como tampoco él, el escritor náufrago esperaba recalar en esta cala perdida y solitaria donde las aves hacen parada para admirar el cielo. Pero sucedió.

Desalentado estaba el amante de letras en esa ausencia por aquello perdido y a muchos ratos melancólicamente recordado.

Lástima que no exista una isla para los desolados, allí hubieran fluido tu corazón y el mío como ríos desbordados en la pasión que nos une y que solo hemos de someterla ahora al cauce de la soledad, el silencio o a esas lágrimas que tú no ves o no vemos el uno en el otro.

Pero el poeta sigue siendo un soñador y mis quimeras siguen siendo suyas desde hace ya más de dos mil días.

Bájame esta noche una vez más la luna, cúbreme con su resplandor, sé que temblará ante el mar que abajo espera, como te estremeces cuando te abrazo, como te ahogas en esos versos que anhelan ser algo más que palabras. El mar te necesita porque no es el amor incierto del que escribía García Lorca, no. Es algo más, mucho más.

Quizás sean solo insomnios que caminando hacia la nada nos hacen vivir y soñar. Metáforas que sabotean los días en un intento, tal vez baldío de alegrar un corazón enamorado.

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El suave aleteo de una caricia

Déjame hablarte. ¿No ves que el silencio no puede más?

Deja a mi mirada extasiarse en tus ojos

Guíame mientras que mi corazón libera latidos, recitándote cara a cara el más puro, sincero y bello poema de amor.

Amor es distancia y proximidad.

Estoy tan cerca de ti que percibo la esencia del amor en ese breve espacio entre mi desierto y tu oasis, entre un suspiro y un beso.

No sé como se expresa el amor en silencio. Cada gesto se esconde detrás de cada palabra, pero yo me ahogaría sin ellas, sin las tuyas.

Percibo a ciegas el placer en un futuro que no existe, en ese silencio que solo es esa caricia que se desvanece en el torpor del día, cuando ya el sol ha calentado la superficie estancada de los sentidos y los ha derretido…calcinándolos.

La vida sigue y yo deseo hablarte antes de marcharme.

Deja que te acaricie con suavidad, con pasión, con el amor que te tengo, aunque solo sea por verme comprendida, sentida y por qué no deseada.

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Hoy no

Hoy no te hablaré de amor. Hoy no disimularé que voy tras tus latidos desde que me sedujo tu alma y tu poesía.

Hoy no recogeré tu sonrisa, ni acariciaré con mis ojos los tuyos, ni me recostaré en el lecho siempre bello y deseado de tus palabras, esas que llenan tu ausencia y mi soledad y que el destino siempre reserva a los que llegamos tarde a algún lugar.

Hoy no haré vibrar tu corazón, ni lo colmaré de calidez para empaparlo de vida, para que mi paso por tu existencia no sea solo poesía o palabras.

Traspasa hoy los límites del tiempo sintiendo la pasión de tu existencia, la que soñaste, la que perdiste y esa que brotó un día en tu corazón cuando el azar hizo que se encontrase con el mío.

Hoy no te pediré un beso, ni abogaré por ese cálido abrazo. Hoy a lo mejor me duelen ambos porque de tanto sentir el alma torna a desmayarse, pero no te preocupes hay suplicios que el corazón arrastra casi por costumbre.

Hoy no te presto mi alma porque ya es tuya, ni te dejo mi sueño porque se ha hecho un hueco perenne en esa nuestra noche oscura y desangelada.

Hoy no imaginaré tus labios húmedos mezclados con los míos, ni tu cuerpo a tientas en rachas de sensaciones y deseos.

Hoy seguiré amando la vida y amándote a ti. En ese tímido silencio cuando estás y en ese constante suspiro cuando te ausentas.

Hoy no te hablaré de amor, hoy no…o tal vez sí, solo para sepas que existe.

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